2007/07/09

Tuki tuki, una fiestuki

Para algunas cosas da gusto ver como pasan los años. Este viernes nos juntamos unos cuantos para celebrar mi cumpleaños, y ahora, al recordar mis primeras fiestas, veo que la cosa ha cambiado y mucho:

Fiesta con edad media de 17 años:

Nos reunimos todos los colegas a eso de las 17.00 para hacer las compras. Ponemos 10 € por cabeza y por adelantado, más que nada porque nadie puede pagar el total. Entramos al consum y vamos directamente a la zona de las bebidas: Cogemos el peor vino de cartón, y algún refresco con nombre chumi-cola o similar. En la sección de bebidas fuertes, cogemos algún licor (de manzana, generalmente) para mezclarlo con zumo. Pasamos nerviosos por caja, esperando que no nos pidan el carnet.

En la casa, mezclamos los litros en un recipiente grande (botella, cubitera, jarra) y los bebemos haciendo un kinito y fumando unos petas que alguien ha comprado a algún amigo malote que a su vez ha comprado a otro más malo aun. Se hacen burbujas en el baño. Se lanzan cosas por las ventanas (suben los vecinos afectados), hay desvaríos varios. Alguno sube en toalla, empapado, en el ascensor junto a una vecina amiga de sus padres. Hay algunos blancones, algunos potan, se rompen vasos y se ensucia un poco de todo. Hay berridos, alaridos, y la música está tan alta como el equipo de música permite. Los sillones no quedan como antes. Las alfombras se queman un poco. Al salir de casa, eso parece un campo de batalla; y nadie quiere recoger. La costra evolucionará a megacostra y no habrá dios que la saque. Dias después aparecerán rastos de la fiesta que generalmente descubren los padres del organizador del tema.

Fiesta con edad media 25 años:

Un par de encargados, tres a lo sumo, vamos en coche al centro comercial (eso de andar y llevar pesos ya no se hace). Pasamos por los pasillos de comidas antes que nada, y compramos algo para llenar el estómago, no se puede beber con el estómago vacío. En la sección de bebidas buscamos las cervezas que más nos gustan, compramos precios pero nos damos caprichillos. El kalimotxo se hace con un vino de mesa, de botella, y coca cola. Los licores son de marcas conocidas (brugal, tanqueray...). Compramos zumos pensando en el día siguiente. Pasamos por caja pagando con tarjeta. El más rápido saca su travel para quedarse con los puntos.

En la casa se organiza todo con cuidado. Todos colaboran para poner la mesa mientras que otros cocinan. Se catan las cervezas cuidadosamente elegidas mientras se cena, y las charlas son en plan "y qué es de tu vida"; a algunos hace meses que no veías. La música está a un nivel que permite hablar sin gritar. Tras la cena, sobremesa acompañada de unos canutos, comprados tras años analizando la relación calidad/precio de los proveedores. Juegos un grupo, bebidas más fuertes. No hay potas ni blancones. Conversaciones largas, desvaríos comprensibles (que duro tiene que ser ser salchicha, salir de trabajar, y querer ser comido dignamente) y ver amanecer con el último pote en la mano. Al día siguiente todos se despiertan a una hora razonable y cada cual recoge algo. En menos de una hora todo está como los chorros del oro.

Gracias a todos, fue una gozada. Así da gusto hacer fiestas!

1 comentario:

david dijo...

jajaja si algo asi son ahora aunque lo de la salchicha no lo comparto la verdad....

horas razonables no se yo...

por lo demas, si, bueno a veces ya hasta se celebra en un restaurante baratillo para acabar castaña igual